El machismo se contagia

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“Alerta” debe ser el continente perdido, no la Atlántida mítica que describía Platón… Lo digo porque últimamente parece que la vida se ha trasladado a vivir a él, al menos es lo que se deduce de las informaciones que aparecen a diario. “El mundo está en alerta…” así comienza la historia de esta humanidad “veinteañera” en siglos, pero adolescente en conciencia; y cuando no es por una guerra, es por un conflicto; cuando no por una amenaza terrorista, lo es por un terrorista amenazante; y cuando no por un epidemia, es por una pandemia… pero el mundo siempre está en alerta. Y ahora le ha tocado, y con razón, a un virus con un nombre que despista por su proximidad y familiaridad, el virus del Ébola. 

Lo que queda claro es que sólo produce amenaza lo que se percibe como peligro y lo que altera las referencias establecidas hasta el momento. De ahí que el hambre, la pobreza infantil y adulta, la falta de educación y el analfabetismo… y tantas otras desigualdades e injusticias estructurales utilizadas para levantar espacios de poder, no generen amenaza, aunque sean un peligro para cientos de millones de personas, tanto que cada año acaban con la vida de millones de ellas… Pero de amenaza nada, son personas que viven fuera del continente “Alerta”, y a sus tierras y costas, roles e identidades, creencias y orientaciones, ideas y compromisos… no llegan alarmas ni peligros. Por eso muchos no quieren que las personas que habitan en esos lares salgan de sus espacios y límites.

Y hablando de desigualdades y poder, la primigenia y más extendida, aquella que da sentido a todas las demás y la que se encuentra en cualquier rincón del planeta, incluido el continente perdido y hallado de “Alerta”, es la que los hombres establecieron sobre las mujeres, y la hicieron cultura para que todo quedara como parte de una “normalidad natural”. Me refiero al androcentrismo, a la cultura patriarcal o, en términos coloquiales, al machismo.

El machismo se construye al establecer las referencias masculinas como universales y adecuadas para toda la sociedad, y al situar a los hombres en una posición de superioridad respecto a las mujeres como poseedores de esas referencias “naturales”, y como guardianes de la normalidad dada. A partir de ese diseño y de las ventajas y privilegios que produce, el modelo se aplicó a otras situaciones para generar nuevas desigualdades, y con ellas ventajas, beneficios, privilegios… basados en las ideas, creencias, status, raza, orientación sexual, origen… Pero en todas ellas, además, siempre aparece la desigualdad original hombre-mujer.

La situación es tan grave, y su significado tan claro, que al margen de las justificaciones que se dan para explicar la violencia de género, del ataque sistemático que se hace a las mujeres que la sufren diciendo que denuncian falsamente, de los intentos de ocultarla mezclándola con otras violencias… la propia actitud, posicionamiento y respuesta ante ella, tomando como referencia sólo su expresión más grave en forma de homicidios, es el mejor ejemplo de la percepción que se tiene de ella, y de sus raíces estructurales como parte del resto de manifestaciones del machismo.

La referencia la tenemos cercana estos días ante las muertes que ha producido el virus del Ébola y el riesgo de que se produzca una epidemia. Todas las medidas son necesarias para evitar que esto ocurra y para tratar a la población afectada, así como para proteger a la que se encuentre en situación de riesgo, eso no está en cuestión, lo mismo que tampoco lo está todo lo relacionado con la cadena epidemiológica. Pero no deja de sorprender cómo una situación como la desigualdad, la discriminación y la violencia que genera el machismo, con unas consecuencias mucho más graves para la convivencia y para las personas que la sufren de manera directa, las mujeres y las niñas (aunque luego también impacta sobre los niños y los hombres), no produce una respuesta proporcional a su gravedad.

A pesar de ser dos situaciones diferentes, la referencia gráfica es de utilidad para poner en evidencia el significado que se le da s la violencia de género, y su vinculación con los valores predominantes en la sociedad.

Según datos de la OMS, a lo largo de este año el virus del Ébola ha causado 961 muertes y la situación ha sido considerada como un “problema mundial”. Ese número de muertes entre los 7000 millones de habitantes del planeta supone una incidencia de casos mortales de 0.137 por millón. En España, en lo que va de año, laviolencia de género ha hecho que 36 hombres asesinen a 36 mujeres, representando una incidencia de casos mortales entre los aproximadamente 24 millones de mujeres, que son quienes sufren esta violencia de manera específica, de 1.5 por millón.

Desde 2004 a 2013, también según la OMS, el virus del Ébola ha acabado con la vida de 306 personas en todo el planeta, y en ese mismo periodo, sólo en España, las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en una situación de violencia de género han sido 641.

Es decir, sólo en España, la incidencia de los homicidios por violencia de género es 11 veces más alta que las muertes del virus del Ébola en el contexto en el que se ha puesto en marcha la necesaria respuesta para evitar la pandemia. Y sólo en España, el número de homicidios por violencia de género antes de que se produjera el brote del Ébola, es el doble que las muertes producidas por el virus.

Y volveremos a esas cifras en cuanto se controle el brote con todas las medidas que se están poniendo en marcha para detener la infección, y con todas las que no se llevan a cabo para combatir y erradicar la desigualdad y la violencia que sufren las mujeres en todo el planeta.

Si extendiésemos los casos a todo el planeta y a todas las formas de violencia de género, no sólo a la que se produce en el seno de las relaciones de pareja, los miles de homicidios, además de las otras formas de violencia, entre ellos la violencia sexual,nos mostrarían el nivel de permisividad que la cultura machista tiene ante esta violencia, y el nivel de hipocresía y complicidad que las sociedades que se mueven bajo las referencias de la desigualdad muestran.

El machismo mata porque hay hombres que acuden a las referencias que la cultura establece como parte de la identidad masculina para justificar la violencia contra las mujeres y los asesinatos, de ahí que prácticamente el 96% de estos asesinos se entreguen voluntariamente tras el homicidio o se suiciden. Y el machismo se contagia, lo hace verticalmente a través de la educación y de la asunción de los valores de la desigualdad; y lo hace horizontalmente por medio de la reproducción y repetición de las conductas y actitudes violentas y machistas que otros hombres realizan y reivindican como “cosa de hombres” , así como a través de la cosificación, crítica y ataque a las mujeres que desde algunas posiciones realizan sistemáticamente para defender sus privilegios morales y materiales.

De eso el posmachismo sabe mucho, de ahí su estrategia de ataque a las mujeres y de cuestionar la realidad a través de los mitos que han utilizado a lo largo de la historia. Por eso no es casualidad que callen ante los homicidios por violencia de género, como ha sucedido ante los últimos casos que se han producido, y que cuando vuelven a tomar la palabra sea para atacar una vez más a las mujeres, llegando incluso a justificar los homicidios con sus falacias habituales.

De los asesinos, del machismo, y de los hombres que defienden esas posiciones, no han dicho nada…

Ante estas circunstancias, el problema no puede limitarse exclusivamente a la respuesta individual, del mismo modo que ante una epidemia la solución no es esperar a que las personas enfermas acudan a los centros sanitarios. El Estado y las administraciones tienen la responsabilidad de actuar contundentemente sobre la violencia de género y sobre la desigualdad que la genera, y para ello es fundamentalerradicar el machismo y las referencias que sitúan a los hombres y a lo masculino como la referencia universal para organizar la convivencia. Si no vamos a la raíz del problema, este continuará adoptando nuevas formas y estrategias, pues el machismo demuestra que es adaptativo a cada nueva situación, del mismo modo que los machistas mutan para superar las dificultades que tengan para imponer sus ideas, valores y condiciones.

Por: Miguel Lorente Acosta.  Artículo oroginal publicado en AUTOPSIA

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