Mutilación Genital Masculina

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La miseria del machismo llega a límites insospechados cuando además de actuar desde su violencia y con su violencia, trata de presentar los avances en Igualdad como un ataque a los hombres. Bajo esa idea se presentan a sí mismos como las “pacíficas víctimas de un matriarcado opresor”, y llama a las personas que trabajan por una Igualdad de la que también se beneficiarán con nombres cargados de agresividad, como feminazis, hembristas… y otras lindezas guardadas en la “base de datos” de los insultos tradicionales.

Pero van mucho más allá, un ejemplo de esa actitud lo tenemos estos días.

Cada año por estas fechas, junto a la conmemoración del “Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina” (seis de febrero), los machistas intentan introducir la confusión comparando la mutilación de los genitales de las mujeres en sus diversas formas, desde la clitoridectomía hasta la infibulación, con la circuncisión practicada a muchos hombres como parte de los ritos culturales que se realizan en diferentes países.

Hay mucha miseria moral detrás de ese planteamiento, como la hay al intentar reducir el problema de la violencia de género a las denuncias falsas, o al intentar esconder la violencia que sufren las mujeres y las niñas dentro de otras violencias para de ese modo ocultar la responsabilidad de los hombres que la ejercen, y la de una cultura desigual y machista que prefiere mirar para otro lado en busca de justificaciones, antes que desvelar las razones que siglo a siglo han estado presentes.

La mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos dirigida a limitar y controlar la sexualidad de las mujeres. En la actualidad, según la OMS, hay más de 140 millones de mujeres que viven con sus terribles consecuencias, y cada año, tal y como recoge Naciones Unidas, entre 3 y 4 millones de niñas la sufren, muchas de ellas mueren y todas sobreviven con importantes secuelas físicas y psicológicas.

La circuncisión es la extirpación total o parcial del prepucio del pene, y se puede practicar como parte de un ritual religioso, como procedimiento médico, o bien, dentro de un ritual que se lleva a cabo como iniciación a la virilidad. No tiene ninguna repercusión sobre la sexualidad de los hombres, salvo que se produzca alguna complicación, como puede ocurrir con cualquier acto médico, y no genera secuelas en los hombres circuncidados.

A pesar de las claras y trascendentes diferencias entre la mutilación genital femenina y la circuncisión, quienes tratan de equipararlas olvidan el “pequeño detalle” de que tanto una como otra son producto de una cultura machista que impone ritos para defender sus ideas y valores, y construye las identidades masculina y femenina bajo su rígido patrón.

Aún así, para el machismo es lo mismo que a una niña le mutilen sus genitales para que no pueda disfrutar de su sexualidad, y de ese modo ser aún más controlada por otros hombres, que corten un trozo de piel (prepucio) del pene de los niños. El planteamiento además de terrible es tan absurdo como comparar el hecho de cortar las uñas con amputar los dedos. Sería irracional hacerlo, pero ellos lo hacen para introducir la confusión e intentar sacar beneficios en las aguas revueltas de la duda, que es lo que en realidad buscan.

Imaginen que existiera una práctica que supusiera la amputación de algunos dedos de las manos de las niñas, y que en lugar de tratar de evitarla se justificara diciendo que a los niños les cortan las uñas de esos dedos, y que al hacerlo se pueden producir infecciones y complicaciones. Sería ridículo, ¿verdad?, pues eso es lo que hacen al comparar la mutilación genital femenina con la circuncisión.

En el fondo estos argumentos son muy gráficos al desvelar la posición de superioridad del machismo y cómo interpretan la realidad desde ella. Por otra parte, también dan una clara referencia del distinto valor que tiene para ellos “lo de las mujeres” y “lo de los hombres”. Los machistas se sienten con tanto poder que creen que pueden darle significado a la realidad, como si todo dependiera, tal y como ocurría tiempo atrás, de su palabra.

Veamos algunas de sus conclusiones y deducciones:

. Al comparar la mutilación genital femenina con la circuncisión masculina, demuestran que para ellos un trozo de piel del pene tiene el mismo valor que los genitales de las mujeres.

. Limitar el disfrute de la sexualidad de las mujeres no es relevante mientras ellos puedan seguir disfrutando de la suya.

. La violencia que sufren las mujeres y niñas, con 100.000 homicidios al año, según Naciones Unidas, con el 30% de las mujeres sufriendo violencia por parte de los hombres con quienes comparten una relación (OMS, 2013), con un 12% de mujeres víctimas de violencia sexual al margen de la relación de pareja (OMS, 2013), con un porcentaje de condenas en los casos de violación denunciados del 1% (BCR-M.Easton, 2008), y con una cultura que lleva al 3% de la sociedad a decir que la violencia de género es aceptable, o a un 15% a considerar que la violencia sexual o física no son graves (Eurobarómetro, 2010), tiene el mismo significado que la violencia que sufren los hombres por parte de las mujeres, sin que ninguno de estos factores comentados esté presente: ni en su dimensión, ni en su significado, ni en su justificación.

. Desde esa perspectiva se permiten afirmar que el 0’01% de denuncias falsas en violencia de género que recoge la propia Fiscalía General del Estado (Memoria de 2014), en realidad es un 80% según sus cálculos.

. Con esas mismas matemáticas y “buenas intenciones”, concluyen que la mayoría de los suicidios de hombres se deben a “divorcios abusivos”, insinuando una clara prevaricación en los Juzgados que intervienen al no investigar las causas de esos suicidios masculinos.

. También creen que lo conseguido por la fuerza se debe a una mayor inteligencia de los hombres, cuando en muchos casos sólo es una cuestión de brutalidad y uso de los tiempos que da el poder.

. Piensan que la desigualdad y el machismo son “la normalidad”.

. Afirman que la reivindicación de las mujeres y la Igualdad no es cuestión de justicia, sino de perversidad y manipulación para acabar con el “orden establecido” y de paso con algunos hombres.

. Reivindican que lo que define a la paternidad es la biología y los cromosomas en lugar del afecto, el cuidado y la responsabilidad.

. Y aseguran que cuando los niños y las niñas no quieren ver a un padre maltratador tras la separación es porque las madres, tan dadas a la limpieza, les han lavado el cerebro. Para ellos nada tiene que ver la violencia ejercida por el padre.

Así podríamos seguir con tantas otras afirmaciones aireadas desde el machismo para que la realidad encaje en sus ideas y valores. Y como se puede comprobar, ninguno de esos planteamientos es casual ni neutral, todos van dirigidos a reforzar las posiciones tradicionales del hombre como persona referente y racional, y de la mujer como ser perverso y dispuesto a hacerle daño al hombre a cualquier precio.

La desigualdad es una “mutilación” de los derechos de las mujeres, por eso el objetivo del machismo es continuar con la poda de iniciativas y derechos que pudieran hacer brotar la convivencia y la Paz en Igualdad. Ellos están cobijados a la oscura sombra del árbol del machismo y no quieren moverse de ese lugar.

No es casualidad que desde el poder siempre se recurra a “recortar” aquellas iniciativas que suponen más derechos sociales y un mayor bienestar para la comunidad, lo vemos cada día, y el machismo es poder. Un poder mísero construido sobre el abuso y la usurpación de los derechos de las mujeres, hasta el punto de quitarles la libertad, los genitales o la vida en nombre propio.

Esa historia ya se ha acabado, es cierto que aún persisten machistas que quieren volver a tomar esa deriva a través del posmachismo, pero si algo ha decidido la sociedad del siglo XXI es amputar la desigualdad y las injusticias de la anatomía de la convivencia.

Artículo de Miguel LORENTE. 

Original en el blog AUTOPSIA

 

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