Golpeada y magullada, pero nunca vencida

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“Todos tenemos problemas en la vida. Sea cual sea el problema que tienes, permítete a ti mismo experimentar todo el dolor. No lo evites, no lo rehuyas. Pero, al mismo tiempo, no te quedes estancado en el dolor”.

Kirthi Jayakumar

Activista – India

Hace dos años, en la víspera de su 25 cumpleaños, Kirthi tenía motivos de sobra para estar exultante. Acababa de liderar un proyecto para fundar una escuela en una aldea de Nigeria. Iba de camino al consulado de EE.UU. para recibir tres medallas concedidas por Barack Obama por el trabajo que lleva a cabo con Delta Women y la ONU. “Cuando me enteré estaba entusiasmada. La primera persona a la que se lo conté fue a mi madre, las dos nos pusimos a gritar de felicidad”.

Ignoraba el hecho de que su euforia solo duraría unas pocas horas.

“Al llegar a casa, después de recoger la condecoración, resbalé por las escaleras y me golpeé la cabeza. De repente, todas las experiencias traumáticas que viví de niña me volvieron a la cabeza. No entendía por qué, y todavía no soy capaz de explicarlo”. Durante los seis meses siguientes Kirthi reviviría una serie de experiencias que había creído enterradas en el pasado.
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La condecoración otorgada por Barak Obama es tan solo un motivo de orgullo más para Kirthi, que también es escritora, fundadora de dos ONG, investigadora en el área del derecho, docente invitada, profesora de niños afganos… y la lista continúa. De hecho, ¡su historia parece sacada del manual del triunfador! A pesar de su éxito, Kirthi emana un aire de humildad, como si fuese ajena al hecho de que ha sido capaz de conseguir tanto siendo tan joven.

¿Pero cual es el vínculo que une sus iniciativas? Todas consisten en ayudar a la gente, una pasión que descubrió durante su juventud. “Mis padres siempre encontraban formas de contribuir a la sociedad, y yo también participaba. Entre otras iniciativas, proporcionábamos ropa a los más desfavorecidos, no solo ropa usada, sino también ropa nueva. Éramos una familia de clase media intentado contribuir como podíamos. Está claro que lo que sería mi futuro me fue inculcado desde bien pequeña”.

Ahora mismo está centrada en una de sus ONG, The Red Elephant Foundation. “El objetivo del proyecto es ayudar a administrar justicia a todas aquellas personas cuyas historias no son conocidas y no salen en los medios de comunicación más populares”. En su corta vida, la ONG ya ha conseguido generar operaciones de rescate de niños atrapados en zonas en guerra y promover acciones en contra de la violencia de género en todo el mundo.

Sin embargo, la inspiración que la llevó a empezar el proyecto es el resultado de una infancia plagada de injusticia, una infancia trágica que ni siquiera la condecoración por su trabajo con la ONU pudo suprimir.

Una niña traumatizada

La primera experiencia dolorosa de Kirthi se produjo cuando tenía tan solo cinco años, cuando su abuelo la agredió sexualmente. “A esa edad no sabía qué pensar. Mi abuelo me daba muchísimo miedo ya que tenía muy mal carácter”. Al experimentar por primera vez algo que ningún niño debería experimentar, su reacción fue de confusión. Estaba tan asustada que decidió no contarle a nadie lo ocurrido.

Por desgracia, la historia de Kirthi no acaba ahí. En los siguientes años sufrió repetidos abusos por parte de un primo y uno de los empleados de la oficina de su abuelo. “Quedé traumatizada. Mientras todo esto me estaba ocurriendo nunca conté nada. Mi primo incluso amenazó con matarnos a mí y a mi hermano pequeño si se lo contaba a alguien”. Acobardada por el miedo, eligió permanecer en silencio. “Me inventaba todo tipo de historias para no tener que ver a mis parientes. Tenía mucho miedo de que mi hermano pequeño fuese a morir si les contaba algo a mis padres”. Llegó un punto en el que su miedo era tan intenso que empezó a manifestarse físicamente. “Tenía una propensión constante a contraer infecciones de estómago, fiebre y otras enfermedades”. Empezaba a pensar que todos sus pensamientos sobre lo ocurrido acabarían por comérsela, literalmente. Los abusos se prolongaron hasta que Kirthi cumplió trece años.

Tras años de sufrimiento y trauma, Kirthi encontró una forma de sobrellevar su experiencia y de convertirse en “otra persona” para poder hacer frente al mundo. “Al final me disocié de todo lo que me había pasado. A algunas personas les parece extraño, pero llegó un punto en el que se me «olvidaba» todo lo ocurrido”.

A pesar de todo lo que tuvo que soportar, Kirthi tenía ambiciones muy claras en la vida. Iba a bordar sus exámenes e ingresar en la facultad de Derecho. “Siempre quise ser parte de un sistema que estuviese al servicio de la justicia, y pensaba que la forma de conseguirlo era hacerme abogada”. Sin embargo, su fe en ese futuro no duró mucho. En el lugar en el que ella había imaginado que se cumpliría su sueño, se encontró con otra situación desoladora.

Magullada y maltrecha

k3“Nada más ingresar en la facultad de Derecho, inmediatamente fui objeto de menosprecio. Yo había estudiado en una escuela de habla inglesa, y el ambiente de la facultad era predominantemente de habla tamil. Este solo era un detalle menor, pero contribuía a evidenciar que yo procedía de una comunidad diferente”. Ella hizo caso omiso a la atmósfera negativa que había a su alrededor y se concentró en conseguir el sueño que tenía por entonces: aprobar sus exámenes con notas excelentes para poder ser abogada. “Muchos de mis compañeros se negaban a dejarme en paz. Hacían correr rumores de que había sobornado al equipo administrativo para conseguir mis buenas calificaciones y que tenía conexiones políticas… ese tipo de cosas. No podían aceptar que los buenos resultados los conseguí gracias a mi esfuerzo”.

Todos esos comentarios hirientes no eran más que minucias comparados con lo que pasaría el 9 de marzo de 2008. Kirthi estaba en Delhi representando a su facultad en un evento. Al volver, se encontró con que los estudiantes estaban en huelga. “Estaba cansada del largo viaje, así que decidí irme a casa a descansar”. Al intentar salir de campus de la facultad un grupo de chicas la rodearon. Se dieron cuenta de que Kirthi no iba a participar en la huelga, y su desagrado por ella se convirtió en odio. Las chicas empezaron a golpearla. “Me empujaron contra una pared. Me dieron un puñetazo en la nariz y me la fracturaron. Una de las chicas dijo: vamos a ver qué se siente cuando te arrancan los aparatos”. Le tirotearon de los aparatos con las manos y al hacerlo le desgarraron la lengua. Al tiempo que esto sucedía un profesor pasó por allí y, sin pararse a defender a Kirthi, se limitó a decir “llévense bien, chicas”.

Por suerte en aquel momento apareció un conductor con el que ella solía viajar y la llevó a casa. “No recuerdo cómo me metí en el coche, lo único que recuerdo es un dolor terrible en el estómago, la mandíbula y la nariz”. Sus padres se quedaron estupefactos al ver a su hija magullada y maltrecha, y acto seguido se dispusieron a ir a la universidad a hablar con el rector. Sin embargo, Kirthi no quería atraer más atención, por lo que les convenció de que podía encargarse de la situación ella sola. Cuando finalmente se decidió a informar del incidente al rector no consiguió el apoyo de ningún testigo, por lo que la situación quedó sin resolver.

“Ese fue el momento en el que empezó mi aversión por la abogacía. Ya me había dado cuenta de que el sistema jurídico tardaba demasiado en cerrar causas, y ahora me encontraba en una situación, en un contexto educativo, en el que la administración de la justicia no era viable”.

La situación la dejó profundamente marcada y volvió a sentirse como la niña traumatizada de nuevo. Al principio sus padres la apoyaron, la cuidaron y estuvieron a su lado permanentemente. Ella se negaba a pisar la facultad sin la escolta de uno de sus padres. “Mi máxima era ser lo más invisible posible. Llevaba ropa ancha y de colores lúgubres. No quería ser vista”.

Tras un cierto tiempo sus padres se dieron cuenta de que Kirthi estaba al borde de la paranoia y tuvieron que obligarla a pasar página. “Hablaron conmigo y me hicieron ver que tengo la capacidad de defenderme y que ya no tenía razones para estar asustada. Ya había pasado un tiempo desde la agresión. Nunca me recuperé por completo, pero me ayudó”.

A pesar del trastorno, Kirthi se hizo con cuatro medallas de oro académicas de la facultad de Derecho antes de graduarse.

Revivir el pasado

kbooksKirthi continuó su marcha con la cabeza bien alta. Mientras se recuperaba, decidió encontrar un medio alternativo para obtener justicia. Aceptó varios puestos de investigadora en el área del Derecho y empezó a trabajar con diferentes ONG, así como con la ONU, lo que con el tiempo condujo a que liderase el proyecto Delta Women con el fin de crear una escuela en una aldea remota en Nigeria.

Cuando Barak Obama le otorgó las medallas por su excelente trabajo, parecía que por fin las cosas empezaban a mejorar. Ignoraba el hecho de que una caída por las escaleras lo cambiaría todo en una décima de segundo. “Cuando me golpeé la cabeza al caerme, todas las experiencias traumáticas de mi niñez me volvieron a la cabeza. No lo podía entender; ni siquiera puedo explicar por qué pasó. De repente tuve la sensación de que los últimos años había vivido como otra persona, alguien que no era yo…y ese pensamiento me asustó”.

Por primera vez en su vida decidió hablar con la persona a la que le podía contar todo. “Mi madre es curandera. Estoy segura de que se quedó impactada cuando le conté lo ocurrido, pero ella decidió tomar un enfoque diferente conmigo. Me dijo que tenía dos opciones: podía sobreponerme y salir adelante o podía quedarme estancada y llorar el resto de mi vida; de cualquier forma ella estaría a mi lado”.

El período de recuperación y un futuro prometedor

Kirthi eligió la opción intermedia: decidió hacer las dos cosas. Por primera vez desde que tenía cinco años podía dar rienda suelta a todas las emociones reprimidas. “Me permití sentir el dolor a fondo. Quería experimentarlo por completo para al fin poder librarme de él”. Fue durante esta época cuando se dio cuenta de por qué se dedica a lo que se dedica. “Siempre quise ser médico y atender a niños. No un médico del cuerpo, sino un médico del alma. Durante mucho tiempo no fui capaz de vocalizar estas ideas”. Con el tiempo empezó a canalizar toda esta energía a través del kickboxing y de su trabajo artístico. “Me negaba a ver a mis amigos. Tengo mucha suerte de que permaneciesen a mi lado y no me abandonasen. Nunca me cuestionaron y me ayudaron a reencaminar mi vida”

Seis meses después, Kirthi empezó a ver el lado positivo de todas las situaciones a las que había tenido que enfrentarse. “El recordar todas las situaciones del pasado me ayudó a empatizar con la gente que experimenta dificultades, y me di cuenta de que, ya que yo fui capaz de salir adelante, ¡también podía ayudarles a salir adelante a ellos!”. Esto fue lo que la inspiró para fundar la ONG The Red Elephant Foundation. ¿Cuál es su sueño para la ONG? “Sinceramente, me gustaría que fuese superflua y ya no hiciese falta. Pero eso sería ser demasiado idealista, así que mi sueño sería que ayude a proporcionar justicia para personas de todo el mundo”. Kirthi sigue siendo voluntaria para la ONU y sigue ocupando varios puestos de responsabilidad.

Ante todo esto, uno no puede evitar preguntarse, ¿hay algo que quiera para sí misma? “En el sentido materialista ¡me encantaría tener una casa de verano en Europa llena de libros! En el sentido altruista me gustaría mucho poder adoptar varios niños de zonas castigadas por conflictos, y criarlos dejándoles decidir su destino”.

Kirthi también está involucrada el debate para la construcción de la paz para los civiles en zonas de conflicto de la India y de todo el mundo.

Por desgracia el pasado sigue llamando a su puerta a veces. “Había una persona en la facultad que se propuso hacerme la vida imposible, incluso después del terrible incidente. Dejaba botes de ácido en mi pupitre y me decía que era fea y que debería hacerle un favor al mundo y borrarme la cara. Incluso hoy en día cuando aparece mi nombre en una búsqueda en Google o en los medios él sigue en sus trece intentando desacreditarme”.

¿Y cual es su reacción ante esta situación? “Por desgracia no se da cuenta de que su actitud solamente sirve para animarme y motivarme a seguir trabajando”.

Al llegar al final de nuestra conversación empiezo a preguntarme qué opinión tiene Kirthi de su vida en perspectiva. “Todas las situaciones por las que he pasado me han hecho quien soy hoy en día. Me enseñaron el valor de la Empatía. Gracias a ello el trabajo que llevo a cabo para mi causa es mejor, ya que me permite sentirme lo suficientemente apenada como para querer ayudar a la gente, pero nunca tan apenada como para arrastrarla a un pozo sin salida”.

“Mi único mensaje para todo el mundo es este: todos tenemos problemas en la vida. Sea cual sea el problema que tienes, permítete a ti mismo experimentar todo el dolor. No lo evites, no lo rehuyas. Pero, al mismo tiempo, no te quedes estancado en el dolor. Solo cuando has experimentado plenamente todo el dolor puedes pasar página y hacer las cosas que siempre has querido hacer”.

El artículo original fue escrito por Ravi Kiran, en su blog 52 Dreams Alive, y traducido del inglés por Sara Muiño Carro.

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